Esto es una historia de ficción, pero primero debo aclarar que estoy plenamente de acuerdo con los derechos de autor, la propiedad intelectual y cualquier cosa que permita a los individuos ganarse la vida en igualdad de condiciones. También en que cada uno pueda vender sus creaciones como le parezca oportuno, solo faltaría. Pero no hagamos trampas. Cuando el liberalismo se retuerce, para que solo sean los otros los que deban disfrutar de las ventajas de la competencia y el libre mercado, mientras nuestros productos deben ser protegidos, el sistema pasa a ser profundamente injusto. Entonces ¿por qué dejar que el interés de unos pocos limite el avance de la economía y el progreso de la sociedad? Nuevas reglas del juego implicarán cambios, ha pasado anteriormente, pero seguro que abrir las puertas será beneficioso para la mayoría. Incluidos los que quieren proteger hasta la extenuación un sistema que ha dado de sí, lo que podía dar. La alternativa a dejarles campar a sus anchas es 1984. ¿Es el futuro que queremos?
Porque si la historia de la imprenta hubiera sido diferente, nos podría haber llevado a un mundo más parecido al Brazil de Terry Gilliam, esa representación deprimente, maquinista, donde la burocracia y la falta de creatividad, eran el signo de una sociedad que Orwell retrató en 1984. Un mundo muy diferente al nuestro actual. ¿Cómo hubiera sido el mundo si la imprenta hubiera estado en unas pocas manos? La historia podría haber empezado así.